CUANDO FUI INVISIBLE A MIS PROPIOS OJOS



Por Karol Zamudio 
La vida está llena de experiencias y lecciones. Un día despiertas y lo primero que viene a tu mente es esa persona que había estado contigo hasta hace unos días, siguiendo una misma vía; creíste que estaría a tu lado hasta en tu último día. Entonces empiezas a recapitular los momentos vividos, peleas, discusiones, risas, besos, caricias y deseos consumados.
Vuelves a la realidad, y te das cuenta que las ganas de estar con esa persona ahora deben ser deseos consumidos, pues ya no está más contigo. Decidieron alejarse y tomar distancia, una discusión, fue la mejor excusa, pero te sinceras contigo misma y te preguntas ¿Realmente aún le quería? ¿me emocionaba saber que le vería? ¿Había pasión aún en sus besos?
Imaginaba tenerle a mi lado, y al plasmar la situación en mi cabeza, angustia y tristeza se apoderaban de mí; prefería la soledad que su compañía vacía, parca y distante. Así descubrí que lo que fue romanticismo, amor e ilusiones se había convertido en un apego dañino.
Mi individualidad era inexistente, había reprimido mi esencia y mis pasiones, me sentía invisible e incapaz si no le tenía a mi lado.
Me había quedado sin amigos, sin proyectos propios, era un ente a la deriva, te vuelves vulnerable y lo más fácil es correr a los brazos de otro ser humano, sin embargo, esa no es la solución, buscar quien se haga cargo de tu existencia es una salida cobarde.
Es el trance ideal para ver el lado positivo de lo que te ocurre y hacerte cargo de ti misma. Claro, quisieras quedarte en la cama y no saber nada y en eso recuerdas que la vida es valiosa, que allá afuera te esperan nuevas experiencias, lugares, personas, el mundo es inmenso y te lo quieres comer en un instante, ¿Lo ves? Has roto las cadenas con las que tú misma ataste tu mente.
Empiezas a recuperar tu esencia, retomas tus gustos, comienzas a valorarte, ya no necesitas a esa persona que apruebe lo que haces, por que tus decisiones, son la mejor aprobación, encuentras el amor propio, te has gustado tanto, que te aferras a ti y ya no quieres soltarte.
La vida está llena de experiencias y lecciones, ni buenas ni malas, ni pierdes ni ganas. Aprendes y aprender es cambiar, cambiar es crecer y de eso se trata la vida.

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