¿Ansiedad?
Por Karen Barraza
Durante los tiempos de la
crisis por coronavirus, saber adaptarse es fundamental. ¿Cómo hacerlo?
Los cambios generados por la
crisis del coronavirus son muchos y nos afectan en diferentes aspectos de
nuestra vida. Además, muchos de estos cambios van a durar mucho tiempo, motivo
por el qué es importante adaptarse a ellos del mejor modo posible y desarrollar
recursos psicológicos para gestionarlos.
Sin embargo, el problema no es
solo esforzarnos por llevar a cabo nuevos hábitos y estrategias orientadas a
reforzar nuestro bienestar. Es, también, afrontar la incertidumbre y decidir
qué hacer a pesar de ella, asumiendo que no tenemos las respuestas para todos
los interrogantes acerca de lo que pasará en los próximos meses.
En este artículo veremos
algunos consejos psicológicos acerca de lo que podemos hacer para gestionar
esta sensación de incertidumbre e inseguridad, y evitar que esta nos paralice.
La incertidumbre ante los
tiempos que estamos viviendo
En la situación actual, las
malas noticias ligadas a la pandemia y a la crisis económica ligada a ésta son
una constante, y éstas constituyen un factor de generador de ansiedad e
incertidumbre.
La evolución de la epidemia,
las previsiones de caídas de la economía del país y por tanto la previsión de
aumento del desempleo pueden hacer que nuestro mundo se tambalee, que nuestros
hábitos y todo aquello que damos por sentado sufran una transformación. El reto
está también en afrontar el hecho de que no sabemos muy bien qué hacer, en qué
dirección se van a producir esos cambios y cómo nos van a afectar.
¿Cómo nos puede llegar a
afectar la incertidumbre?
Aquí veremos cuáles son las
diferentes maneras en las que el contexto de cambios y dudas acerca de lo que
pasará nos influye psicológicamente.
Eso sí, no hay que olvidar que
cada persona es un mundo. Hay variables individuales que nos llevan a vivir la
incertidumbre de forma diferente en función de la personalidad de cada uno, así
como de las circunstancias que hayamos vivido: si se han producido pérdidas
significativas durante el confinamiento (familiares, económicas, etc.), cambios
en el trabajo (teletrabajo, cambio en funciones o en horarios...), situaciones
de desempleo ligadas a ERTES o ERES, problemas de conciliación familiar...
1. Cambios en nuestra forma de
relacionarnos
Es probable que las medidas de
distanciamiento social vayan apareciendo y desapareciendo por regiones, según
la propagación del virus esté controlada o no. Esto significa no estar seguros
de si dentro de una semana no vamos a poder abrazar a nuestros seres queridos,
de si deberemos hacer uso de mascarillas al salir a la calle, de si podremos ir
con normalidad a lugares de socialización como bares o terrazas, etc.
2. Procesos de duelo
El duelo es un fenómeno
psicológico emocionalmente doloroso que va asociado a la sensación de pérdida.
Surge tras eventos como la muerte de un ser querido, la pérdida de un estilo de
vida con el que estábamos familiarizados, cambios en nuestro cuerpo o en
nuestra salud que interpretamos como algo muy malo, etc.
Durante esta crisis del
coronavirus, los procesos de duelo están siendo más frecuentes e intensos que
de forma habitual, y es por ello que en la actualidad muchas personas estén
necesitando apoyo psicológico.
3. Dudas acerca de qué hacer
con nuestra trayectoria profesional
No hay que olvidar que el
COVID-19 ha tenido un fuerte impacto en la economía, y esto hace que muchas
personas se encuentren ante la duda de qué hacer con sus trayectorias
profesionales.
Incluso quienes no han sufrido
despidos o han tenido que cerrar se sienten forzados a posicionarse ante la
transformación económica que va a sufrir el país, y esto puede resultar muy
angustiante.
¿Qué hacer?
Apatía, tristeza, desesperanza
o nerviosismo e irritabilidad son emociones frecuentes en la situación actual,
debido en parte a la sensación de incerteza.
Sin embargo, no tenemos por
qué limitarnos a vivirlas como si fuesen algo que no podemos gestionar en mayor
o menor medida. En función de nuestra adaptación a esta “nueva normalidad” vamos
a ser capaces de controlar mejor nuestro estado anímico y emocional. Para
adaptarnos a la nueva normalidad, nos podemos apoyar en estas ideas clave de
adaptación psicológica.
1. Aceptar el cambio
Es importante dejar ir la idea
de que la vida debería seguir siendo tal y como era antes de la pandemia,
porque puede generar frustración. Es mucho más adaptativo aceptar que el cambio
es algo que potencialmente puede ser positivo (para uno mismo y/o la
colectividad) y hacerlo propio. Un ejemplo sería la incorporación de las
medidas preventivas en nuestros hábitos. Esto implica, entre otras cosas, no
obsesionarnos comparando el presente con la realidad previa a la expansión del
coronavirus.
2. Entender que el duelo es un
proceso que debe ser respetado
En estos tiempos de COVID-19,
muchas personas han perdido a un familiar de una forma dramática, pues sus
seres queridos han muerto solos y muchas veces sin velatorio ni ceremonia de
despedida; estos factores pueden incidir en el desarrollo de un duelo patológico.
Una persona que ha pasado por
esto y siente que no avanza a la hora de adaptarse a la nueva realidad en la
que esa persona ya no está, o siente que no controla sus emociones(ira,
tristeza, angustia, desesperación), puede que esté en el momento idóneo de valorar
acudir a psicólogo especializado.
Ante pérdidas importantes,
debemos entender que elaborar el duelo es el proceso de reparación del daño
emocional ocasionado por la pérdida y por tanto es fundamental. Esto requiere
tiempo, cuidados y descanso.
3. En lo económico, distinguir
entre lo que se puede controlar y lo que no se puede controlar
Durante estos meses, el plano
económico es una gran fuente de incertidumbre, y puede seguir siéndolo durante
bastante más tiempo. Para saber gestionar esto, hay que establecer una
distinción entre lo que depende de nosotros y lo que no depende de nosotros.
En lo que uno no puede
controlar, como por ejemplo las dinámicas macroeconómicas, es recomendable
mantenerse informado para poder adelantarse a los acontecimientos, pero
sinllegar a obsesionarse. Una buena idea es controlar el tiempo que pasamos
expuestos a noticias de este tipo, procurando poner énfasis en la calidad de la
información, por encima de la cantidad.
Fijando un tiempo máximo
evitaremos que terminemos usando la necesidad de informarnos como una coartada
para no tomar decisiones.
Por otro lado, ante aquello
que uno puede controlar más o menos, hay que procurar mantener la disciplina a
la hora de planear y ejecutar estrategias o nuevos proyectos: llevar un horario
muy claro en nuestras actividades profesionales (especialmente si
teletrabajamos), detectar situaciones que nos hacen perder el tiempo o no
afrontar problemas a abordar, etc. Una crisis bien gestionada puede convertirse
en una oportunidad para tomar decisiones que en otras circunstancias no nos
hubiéramos atrevido a tomar.
4. No descuidar la importancia
de los estímulos y los momentos agradables
Incluso aunque estemos pasando
por un periodo de crisis, no hay que olvidar que seguimos siendo capaces de ser
felices. Por eso, debemos permitirnos tener emociones positivas y potenciarlas
una vez haya surgido.
La incertidumbre no es motivo
para estar las 24 horas a la defensiva por lo malo que pueda venir.
Esto hará que realmente nos
adaptemos a la nueva normalidad.
5. En caso de que sea
necesario, busca ayuda profesional
Los profesionales de la
psicología estamos formados para dar apoyo a las personas que pasan por un mal
momento debido a la crisis del COVID-19, y atendemos tanto de manera presencial
(siempre y cuando no sea incompatible con la normativa de confinamiento), como
a través del formato online (por videollamada).


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